Cielo raso
Instalación de fotografía, sonido y agua · 2026
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- Fotografía, sonido y agua
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- Colombia
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- Bocetos: simulaciones y previsualizaciones con IA
Cielo raso es una instalación de fotografía, sonido y agua sobre la violencia en Colombia: sobre cómo nos hemos apropiado de ella como única salida y como forma de relacionarnos. En un país donde la gente se mata y donde el conflicto ha sido sistemático, volver a permitir el porte de armas es echarle gasolina al fuego. Eso hizo el Decreto 1368 de 2026, y hubo quienes, por los motivos que fueran, salieron a comprar un arma. La obra parte de ahí, pero también pregunta por qué la gente lo hace.
La obra tiene tres momentos.
Las placas son ejercicios de tiro hechos con personas que compraron un arma después del decreto, por los motivos que fueran. Disparan sobre láminas de zinc, el techo de las casas populares: el que suena cuando llueve y por el que entran las balas de los tiros al aire. Fotografiadas a contraluz, las placas parecen pequeños paisajes de noche: puntos de luz sobre un gris que puede ser cielo, agua o niebla. Se muestran en copias pequeñas, a distintas alturas, sin más texto que un número. Nadie sabe todavía qué son. Y sin embargo cada placa es casi un retrato de quien disparó: el que sabe tirar agrupa los tiros, el que tiene miedo los dispersa, y cada punto lejos del centro habría sido, en la calle, una bala perdida, un herido o un muerto.
Las nueve placas de la maqueta. Simulación: lámina generada con IA y disparos simulados por código.

pistola 9 mm

pistola .32

cal. 12 perdigón

pistola 9 mm

pistola 9 mm

pistola 9 mm

pistola 9 mm

pistola .32

pistola 9 mm

«Campesina» cal. 16

cal. 12 posta

carabina .22

pistola 9 mm

carabina .22

pistola .32

cal. 12 perdigón

revólver .38

pistola 9 mm

pistola 9 mm

carabina .22

pistola 9 mm

pistola 9 mm

revólver .38

revólver .38

cal. 12 perdigón

revólver .38

pistola 9 mm

revólver .38

carabina .22

«Campesina» cal. 16
Ejercicio de treinta placas. Cada placa, una persona distinta y un arma que un civil puede comprar legalmente en Colombia: 12 pistolas 9 mm, 3 pistolas .32, 5 revólveres .38, 4 carabinas .22, 3 escopetas calibre 12 de perdigón, 1 de posta y 2 escopetas calibre 16, la que Indumil llama «Campesina». Simulación por código.
La segunda sala casi no se ve: se oye. Primero, las razones de los compradores, grabadas en entrevistas: «sí, porque mi papá…», «por si acaso», «para la finca», «porque la policía no llega». Las frases se van poniendo una encima de otra, hasta que el mensaje se vuelve difícil de entender, como la razón misma para comprar un arma. Queda una pregunta: por qué no se ven otras salidas.
Debajo de las voces suena la guerra: el audio de videos de combate que los propios soldados y combatientes graban y suben a YouTube o TikTok. No se proyectan, solo se escuchan: los disparos, los gritos, las órdenes, las palabras que hay detrás de la angustia. Es el ruido de la violencia, lo que producen las armas: la imposibilidad de hablar. La mezcla también protege: ninguna voz se puede reconocer.
Al final hay una lámina grande, perforada, colgada como un techo. Esta no registra disparos: es una lámina construida, una imagen. Sobre ella cae agua sin parar, que se cuela por los agujeros hasta ollas de peltre, poncheras y baldes. Es lo que se hace en una casa con goteras: no se arregla el techo, se pone una olla. Después del ruido, solo se oye caer el agua, que con los días se tiñe con el óxido de los bordes. Hay algo visceral ahí, algo que se acerca a la sangre: gotas que se cuelan, balas que se pierden, pensamientos que rompen el hogar, la barrera, los límites. La obra termina en eso que se nos está colando y que nadie ha resuelto.
La obra no decide si juzga a quien compra un arma: plantea el problema. Cada compra responde al miedo de alguien y abre un agujero. Es más el hueco que abre que la solución que propone.
El 8 de septiembre de 2026, el presidente Abelardo de la Espriella firmó el Decreto 1368, que levantó la suspensión general de los permisos de porte de armas vigente desde 2015. Esa misma tarde se cayó la página web de Indumil, la empresa del Estado que vende las armas. En marzo, Indumil había rebajado sus precios hasta un 50 % para «mejorar la asequibilidad». En el primer semestre de 2026 hubo 7.389 homicidios en Colombia, un 4,8 % más que en el mismo periodo de 2025 (Medicina Legal, cifra preliminar). Una publicación acompaña la sala con el índice: el arma con que se hizo cada placa, su precio en Indumil y el decreto.
La investigación está hecha y la forma está probada en bocetos: las placas que se ven aquí son simulaciones (una lámina generada con inteligencia artificial y disparos simulados por código), y las dos salas son previsualizaciones con IA. En la obra todo será real: los ejercicios de tiro, con compradores legales en un polígono; las voces, grabadas en entrevistas; el sonido de la guerra, de videos publicados en redes, con permiso de uso; el agua, en la sala. Falta encontrar a los compradores, grabarlos, hacer los ejercicios, fotografiar las placas, reunir el archivo sonoro y probar la gotera a escala real.