La historia del arte ha representado el cuerpo femenino durante siglos: lo idealizó, lo desnudó, lo convirtió en alegoría. Pero rara vez lo dejó cicatrizar. Esta serie inserta a mujeres sobrevivientes de cáncer de mama en el interior de obras canónicas — retratos, alegorías, escenas mitológicas — para inscribir en la tradición visual un cuerpo que la había sido siempre excluido.
Cada imagen es a la vez homenaje y enmienda. La cicatriz, la mastectomía, la marca del tratamiento no se ocultan: ocupan el centro de composiciones que durante siglos exigieron una piel intacta. El gesto es político y al mismo tiempo íntimo. Una manera de decir: este cuerpo también pertenece a la imagen.